BAUR,  Hohanne. Diccionario de Teología Bíblica. Vol. 74. Heder. Barcelona, 1985. Págs., 236 – 240.

El cuerpo, según el AT, es el elemento esencial del hombre; es sujeto de la personalidad y, pertenece esencialmente  a la verdadera imagen de Dios. Todas las manifestaciones vitales del  hombre, son necesariamente, manifestaciones corporales. El AT, juzga positivamente los corporales y exige que se satisfagan. Además sin la participación del cuerpo, no podía el particular dar culto a Dios ni existía la  liturgia, al mismo tiempo había una conexión importante, entre el cuerpo y el pecado, este no tenia su asiento en el cuerpo del hombre, sino en su corazón, pero se cometía también con el cuerpo  y dejaba en él rastro de sus efectos. Finalmente el AT, tenia cuidado de entregar una digna sepultura del cuerpo, pues, era un signo de misericordia. El  NT, no se preocupa  nunca de definir  exactamente la naturaleza y funciones  del cuerpo. Algunos pasajes del NT, suenan casi a dualismo, particularmente cuando el cuerpo aparece como vestidura  y tienda del hombre, otros contienen ciertas reminiscencias de desestima del cuerpo  y sus funciones, por flujo  de la ascesis que lentamente va surgiendo  y se motiva de diversos modos. En muchos  la palabra cuerpo, sirve también para  definir la existencia del cristiano, pues este sigue siendo débil y expuesto a la tentación; lo que quiere decir que su corazón sigue inclinado al mal, por eso el cristiano debe someterse  a sacrificios voluntarios  e involuntarios. 

Ana María Alarcón Constanzo.